Análisis del ensayo fase 3 ECHO. Incidencia de infecciones en pacientes con LCM
Pilar Gómez Prieto, del Hospital La Paz de Madrid, comenta el análisis del ensayo fase 3 ECHO presentado en EHA2026.
Pilar Gómez Prieto, del Hospital La Paz de Madrid, comenta el análisis del ensayo fase 3 ECHO presentado en EHA2026.
Pilar Gómez Prieto
Hematóloga
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ToggleEl análisis del ensayo fase III ECHO estudia la incidencia de infecciones en pacientes mayores con linfoma de células del manto (LCM) no tratado previamente que recibieron bendamustina y rituximab con o sin acalabrutinib. El objetivo es comprender mejor cómo se distribuyen las infecciones durante las diferentes fases del tratamiento y evaluar el impacto que tuvo la pandemia de COVID-19 sobre estos resultados.
El ensayo ECHO comparó acalabrutinib más bendamustina y rituximab frente a placebo más bendamustina y rituximab. Tras la fase de inducción, los pacientes que respondían podían recibir mantenimiento con rituximab durante dos años, mientras que acalabrutinib o placebo se mantenían hasta progresión de la enfermedad o toxicidad inaceptable.
La interpretación del riesgo de infección en el ensayo ECHO debe tener en cuenta el importante impacto de la pandemia de COVID-19 durante el desarrollo del estudio.
En el análisis global del ensayo, las infecciones de cualquier grado se registraron en el 78,1 % de los pacientes tratados con acalabrutinib más bendamustina y rituximab y en el 71,0 % de los tratados con bendamustina y rituximab. El análisis presentado en EHA 2026 profundiza en estos datos diferenciando las distintas fases del tratamiento y el periodo de la pandemia.
Uno de los principales aspectos del análisis es que el ensayo ECHO se desarrolló en gran parte durante la pandemia de COVID-19. Esto afectó de forma considerable a una población especialmente vulnerable debido tanto a su edad como a la propia enfermedad y a los tratamientos dirigidos contra las células B.
En el análisis inicial del ensayo, las muertes relacionadas con COVID-19 fueron del 9,4 % en el grupo tratado con acalabrutinib y del 6,7 % en el grupo control. Además, al excluir estas muertes del análisis, el beneficio observado en supervivencia libre de progresión con la incorporación de acalabrutinib resultaba más pronunciado.
Los datos presentados en EHA 2026 permiten, por tanto, contextualizar mejor el perfil de seguridad del tratamiento. La incidencia de infecciones no debe interpretarse únicamente como un efecto de la incorporación de acalabrutinib, ya que estuvo condicionada de manera significativa por la pandemia y por la exposición prolongada a tratamientos que afectan al sistema inmunitario.
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